El pueblo español, está demostrado hasta
la saciedad, no quiere renunciar a sus tradiciones. Y hace bien. Y para
demostrarlo pone su presencia enfervorizada junto a aquellas manifestaciones
que, extraídas del más puro costumbrismo, del más anejo sabor del acervo
popular, están ahí más o menos dormidas y que el público, el viejo y buen
publico manchego se deja bonísima gana entusiasmar por ellas.

La Pandorga, realmente nadie sabe ni de
donde vino, ni qué es, ni cuál es su origen. El pueblo a través de su forma más
risueña y más primitiva también expresa así, danzando, su amor a la Virgen. Es,
como una forma de rezar. Una forma cuajada de alegría y también de esperanza.
El pueblo danza a la sombra íntima y bonancible de la Reina del Cielo. Tiene
mucho también como de acción de gracias y de rogativa, al mismo tiempo. La
Pandorga es así y así será para siempre jamás.

 

Este año, la Pandorga se acercó un paso más
a lo que tradicionalmente es. Hubo aguaduchos. Hubo danza y hubo canción. Una
enorme multitud, los que quisieron volver a recordar y los que quisieron
inaugurar una sensación nueva, admiró y aplaudió música y danza, músicos y
danzantes y refresco después con esos aguaduchos con que quiso regalarles el Ayuntamiento
en la noche caliente y bella del 31 de julio, y asomando la fiesta en paz…

Boletín de información municipal.
Otoño de 1975