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Homilia de la Función de la Octava


Varios cientos de fieles llenaron ayer la Basílica Catedral de Ciudad Real con motivo de la celebración de la misa de la Octava con presencia del cabildo y oficiada por el sacerdote Benito Calahorra Moreno de la Santa y otros concelebrantes.  A continuación reproducimos la homilia.



Saludos. 

Excelentísimo Cabildo Catedralicio y sacerdotes concelebrantes, excelentísima Señora Alcaldesa de Ciudad Real e Ilustrísima Corporación Municipal, así como dignas Autoridades, Hermano Mayor, Ilustre Hermandad y Fervorosa Corte de Honor de Nuestra Señora del Prado, Pandorgo y Dulcineas y Damas de Honor de nuestras fiestas, queridos hermanos todos: 

La Coronación de la Virgen. 

Hoy, la Iglesia universal celebra la fiesta de la Coronación de la Virgen; y nosotros, como broche final a estas fiestas, celebramos la eucaristía en honor de la Virgen del Prado. 

Después de la Asunción de la Virgen, es lógico que su Hijo, nuestro Señor Jesucristo, quisiera coronar a su Madre. Y es, desde entonces, la Medianera de todas las gracias que Dios concede.
 
Historia. 

El título mariano de Reina le viene además muy bien a nuestra Patrona, que antes de la fundación de esta Ciudad ya era venerada bajo la advocación de Virgen de los Reyes. 

Es, efectivamente, una imagen que portaban los Reyes de Castilla a las batallas. Pero Alfonso VI, tras una campaña bélica en la que no tuvo el éxito acostumbrado, se dio cuenta de que no había traído consigo esa imagen de la Virgen. 

Urgentemente, el rey mandó a su capellán para que se la trajera. Durante el viaje de esté, tras una jornada en este lugar, le pidieron al capellán los residentes de la zona, pastores y agricultores en su mayoría, que no se la llevara. Y esa misma noche, ya de viaje al campamento real, la imagen de la Virgen desapareció, para reaparecer poco después en el prado donde luego se fundaría nuestra ciudad, convirtiéndose desde entonces en la Reina de esta tierra. 

En suma, la Virgen del Prado está en el origen de esta ciudad y de que sea una “ciudad real”. Por eso a nuestra Madre le pedimos la misma fe de aquellos primeros habitantes, quienes consiguieron que ella se quisiera quedar con nosotros. 



Reinado de la Virgen. 

¿Cómo es el reinado de la Virgen? Es un reinado de servicio a los demás, en ese sentido podemos decir que es paradójico, en lugar de que la Reina sea servida por sus súbditos, es ella la que los sirve. Servir es reinar.
 
Lo vemos claramente desde el primer momento de la Anunciación de María, cuando declara “He aquí la Esclava del Señor”(Lc 1, 38), expresando de esta forma lo más intimo de su ser: Cumplir la Voluntad de Dios, recordemos que a Benedicto XVI le gusta llamarla “la que cumple la voluntad de Dios”. 

Ella misma lo manifiesta en Caná de Galilea cuando refiriéndose a su Hijo dijo: “Haced lo que Él os diga”(Jn 2, 5). Y, por otra parte, el propio Señor, refiriéndose a su Madre asimismo dijo: “Aquel que hace la voluntad de mi Padre ese mi hermano y mi hermana y mi madre”(Mt 12, 50). El reinado de Jesús y la Virgen es, en definitiva, un reinado servicio, que sigue siéndolo desde el Cielo. 

“Para servir, servir”. 

Lo humano lleva a lo divino. En este sentido el papa Francisco nos esta recordando de muchos modos y maneras que debemos buscar y encontrar el rostro del Señor y de la Virgen en las personas más necesitadas. 

Como sacerdote de Cristo, me gustaría subrayar aquí, en este punto, que tantas personas entregadas a los demás en el cuidado de familiares mayores o pequeños con un sacrificio oculto y movido por el amor, en realidad están viendo a través de esos rostros humanos el semblante de Cristo sufriente. Esas personas pueden sentir que añoran a Dios sin verlo, pero en realidad lo están viendo y tocando a través de su misericordia con el prójimo. 

Reinar en los corazones. 

“¿De dónde a mí tanto bien, que venga la madre de mi Señor a visitarme?” (Lc 1, 43), así te preguntó, Madre nuestra, Isabel tu prima. Con más razón lo hacemos nosotros desde nuestra poquedad. 

Señora del Prado: Nos damos cuenta de que nuestro corazón no es una morada digna para tu amor misericordioso. Sin embargo, Señora, acuérdate de la pobreza de Belén. Donde trajiste a Dios al mundo. 



El perdón de Dios. 

La Virgen quiere reinar en nuestro corazón, aunque con frecuencia lo tenemos tan lleno de cachivaches imaginarios que no puede entrar dentro. Ocurre como en los desvanes de las casas antiguas, que da miedo abrir las puertas no sea que una avalancha de muebles y cosas olvidadas nos aplaste nada más abrir la puerta. 

Tenemos por eso que limpiar nuestro corazón, y no me refiero sólo a la impureza, sino también a los rencores, avaricias y cotilleos que envenenan nuestro corazón y las relaciones con los demás. En tal sentido nos viene muy bien la frase del Papa Francisco, quien, refiriéndose a la confesión ha dicho: “Dios no se cansa de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos –por nuestra soberbia- de pedir perdón”. Tenemos por eso que acudir con frecuencia al sacramento del perdón a limpiar nuestro corazón de los cachivaches que se acumulan en el, convirtiéndolo en una digna morada. 

El valor de las dificultades. 

Dificultades, siempre las hay en esta vida, a veces casi nos enfadamos con el Señor preguntándonos cómo puede permitir tantos sufrimientos en las personas. 

Ahora bien, así no nos damos cuenta de que, si el Señor permite todo eso, es por nuestro propio bien, para que enfrentemos con valentía los problemas y podamos convertirnos en mejores personas: En mejores hijos tuyos, Señora del Prado. 

Acudir a la intercesión de la Virgen. 

Quiero agradecer al Hermano Mayor, mi hermano mayor, la oportunidad que me ha brindado de poder predicar y presidir esta Concelebración en honor de la Virgen del Prado. Y por otra parte deseo dedicar un emotivo recuerdo a mi padre, que hace una década era también el hermano mayor de esta querida cofradía. Acudamos con frecuencia a la intercesión de aquellos familiares que ya están en el cielo: Démosles trabajo. 

Para terminar, recordando que hace unos días la iglesia celebraba a San Bernardo, un enamorado de la Virgen, podríamos usar esa oración compuesta por él: 

“Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos también acudo, ¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana. ¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén”. 



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Nuestra Señora

Virgen del Prado de Ciudad Real

Ilustre Hermandad de la Virgen del Prado de Ciudad Real